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Análisis: STRAFE — el shooter clásico nunca fue tan violento

Inspirado en juegos como Doom y Quake, STRAFE es una experiencia roguelike violenta, sangrienta y frenética que nos transporta a 1996.

Calificación:


Desarrollador: Pixel Titans
Distribuidora: 
Devolver Digital
Lanzamiento: 9 de Mayo de 2017
Plataforma: PC, PS4

Análisis basado en una copia digital del juego para Steam facilitada por Devolver Digital

En la década del ´90, del mismo modo que los Beat ´em Up reinaban en los salones de arcade, los shooters en primera persona comenzaban a hacer lo propio en las PC hogareñas. Títulos como Doom, Wolfenstein 3D, Rise of the Triad, Quake, Duke Nukem 3D, Blod, Shadow Warrior, Unreal e incluso Half Life, entre otros tantos, se alzaban como grandes referentes de un género cuyo legado perduraría en el tiempo hasta nuestros días. Prácticamente, todo shooter que jugamos hoy día se lo debemos a aquellos juegazos que no solo brindaron horas y horas de entretenimiento, sino también una gran fuente de inspiración para muchos programadores y estudios, tanto “grandes” como indies. Sin lugar a dudas, los noventa fueron una gran época para el creciente mundo del gaming.

Tal es el caso de Strafe, videojuego desarrollado por Pixel Titans, que bebe y se embriaga de ese maravilloso néctar con sabor a “clásico”, ofreciendo un frenético shooter, cuyo lanzamiento fuera publicitado como si de 1996 se tratara. Este título propone una jugabilidad a la old school, sin coberturas, con un ritmo letal, donde la sangre de nuestros enemigos teñirá de rojo las paredes. Todo esto acompañado de unos gráficos dignos de la época y una banda de sonido de gran calidad.

¡Ah, sí, casi lo olvido! Antes de continuar, me gustaría hacer una aclaración: Strafe es un shooter en primera persona, sí, pero también es un roguelike ¿A que esa no se la esperaban? Yo tampoco a decir verdad… y como todo buen roguelike que se precie de tal, cada vez que seamos eliminados, sea por un enemigo o por tener un timing asqueroso al momento de hacer un rocket jump, volveremos al principio, tal y como llegamos al mundo, es decir “en pelotas y a los gritos”.

Sangre en las paredes y un bicho sin cabeza, definitivamente ya anduve por estos lares.
En este rouge-ter o shoot-like (como más les guste) asumimos el rol de un… adivinen… ¿Astronauta? ¿Aventurero? ¿Caza-fortunas? Wooonk (Sonido de incorrecto) ¡Un chatarrero! O desguazador, no sé bien como definirlo… Alguien que comercia con despojos, chatarra ¿Se entiende, no? Un tipo que es reclutado para unirse a la tripulación de la nave Icarus, en una misión que nos llevara a un extremo de la galaxia, un remoto sector donde otros scrappers (como los llama el juego) no han atrevido a aventurarse. 

Las promesas de recompensas, riquezas, fama y fortuna son altamente seductoras, al igual que la señorita que nos explica los conceptos básicos del juego a través del tutorial hecho en FMV, sin embargo pese a ello y al riesgo asumido, la incursión es un fracaso… volvemos a casa con las manos vacías. Para peor, Icarus no se encuentra donde “Debería” encontrarse y no hay respuesta de nadie a bordo. Lo extraño es que el teletransportador que conduce a la nave responde, y sin pensarlo demasiado, tendremos que cruzarlo para contestar a la siguiente incógnita: ¿Qué sucedió? Igual, ojo, la historia es tan solo una mera excusa… un pretexto para mandarnos a liquidar bichos.

Antes de lanzarnos a la aventura, tendremos que elegir un arma de entre tres disponibles: una Railgun, arma lenta pero que puede eliminar enemigos a distancia; Ametralladora, versátil tanto a corta como a larga distancia o, la clásica y querida Shotgun, devastadora a corta distancia. Cada una de estas, cuenta con un disparo secundario que consumirá más balas del cargador, pero en contraparte puede cargarse a varios enemigos de un disparo.

La vieja y querida "doble caño", no hay enemigo que se le resista.
Será fundamental elegir sabiamente con cual quedarnos, debido a que será el arma principal que nos acompañe durante toda la corrida y no podremos cambiarla hasta comenzar una nueva partida… igual no desesperen: En Strafe se muere bastante… y rápido. Que su apariencia no los engañe, es un título difícil, desafiante e injusto por momentos… como decía, un error y a llorar a la iglesia. En fin, una vez hecha nuestra elección, estaremos listos para comenzar a jugar.

El juego se divide en cuatro zonas, cada una compuesta por tres niveles hechos a mano. Cada vez que volvamos a empezar los mapas irán cambiando, aunque conforme pase el tiempo, notaremos que algunos lugares se mantienen exactamente iguales partida tras partida y que ciertos secretos siempre aparecen siempre en los mismos niveles; es como que hay variaciones, pero muy sutiles. Independientemente, el diseño de los escenarios es bueno, amplio y va cambiando su atmósfera, haciéndonos sentir por momentos que nos encontramos jugando Doom o algún otro clásico de esos en que Strafe tanto se inspira… con tan solo decirles que para llegar a ciertas áreas necesitaremos las famosas tarjetas de color…


Como les decía, tendremos un arma principal, lo que no quiere decir, que no podamos usar otras durante nuestra estadía en Icarus. Tenemos a nuestra disposición más de treinta, un completo arsenal con las que masacrar –literalmente- a los muchos enemigos que enfrentaremos: rifles de plasma, de rayos, pistolas, lanzacohetes, lanzagranadas y un largo etc. Incluso, si es que las encontramos, podremos hacer uso de cinco armas experimentales procedentes de otros títulos. La diferencia entre estas armas alternas con la que llevamos desde el comienzo, es que a esta última, vamos a poder mejorar tanto su disparo primario como secundario mediante un pequeño robot bailarín, y a potenciarla con distintos upgrades que iremos recogiendo, mientras que las primeras, una vez agotamos el cargador solo queda arrojarlas o partírsela por la cabeza a alguna desgraciada criatura.
Desde su sitio web, pasando por su estética visual, al tutorial hecho en FMV, todo en Strafe es un canto a la nostalgia y a los dorados noventa.
Y vaya que necesitaremos armas… y balas… y prácticamente cualquier ventaja que podamos tener a nuestro alcance, porque la cantidad de enemigos que aparecen por nivel es muy grande; incluso cuando creíamos que X zona del mapa estaba despejada, se abre una compuerta secreta lanzándonos bichejos y robots a la cara, así que nunca estaremos quietos o aburridos, siempre en movimiento, cuidando como si fuera oro nuestra barrita de vida.

Los tipos de enemigos se dividen en tres clases, aunque hay más de veinte tipos diferentes, que pueden ser considerados como mayor o menor amenaza según su tipo de ataque: ácido, a distancia, melee. De todos modos, sin importar que tipo de daño causen, nuestra tarea es simple: matarlos antes que nos golpeen. Y que divertido es eliminarlos… Ver volar brazos, torsos, cabezas y admirar como las paredes quedan literalmente pintadas con sangre. Para mejor, los enemigos una vez muertos no desaparecen, por lo que si vemos una habitación regadas con partes de monstruos, quiere decir que ya estuvimos ahí. Desde Doom (el nuevo) que no veía tanto gore, ¡Hermoso!

Uno de los tantos homenajes que hace Strafe a los clásicos de antaño.
En la medida que vayamos eliminando enemigos, estos soltaran piezas de chatarra, las que podremos canjear por balas o armadura en unos expendedores especiales, y créditos (dinero) que servirán para comprar habilidades especiales como doble salto, disparos múltiples o cosas por el estilo que pueden brindarnos alguna ventaja no demasiado significativa.

Además del modo campaña, Strafe incorpora tres modos competitivos, aunque los dos primeros se adicionarán más adelante en forma de update gratuito: Strafezone (Una modalidad de desafíos diarios), Speedzone (Competencias de speed-runs donde contaremos con reglas más arcade tales como munición infinita) y Murderzone (Una especie de modo horda, en que tendremos que sobrevivir a diez niveles de creciente dificultad). No es que se traten de modalidades especialmente novedosas, pero es de agradecer que haya algo más de contenido que brinde variedad y duración al título.

Gráficamente es una oda a los juegos de los ´90. Se nota el amor puesto en cada pixel y en el diseño de los enemigos. Muy probablemente a muchos le parezcan feos, pero si hubieran vivido como yo en aquellos años, les aseguro que el trabajo realizado en este apartado por Pixel Titans seria recordado hoy por hoy como uno de los mejores. Lo que más destaca en cuanto a lo técnico, es el sonido, y no el de las armas, que es bastante convencional, o el de los enemigos, que ni siquiera emiten onomatopeya alguna (no habría estado mal que emitan algún sonido). ¡Lo mejor es la banda de sonido! Veintitrés pistas de audio que nos acompañan en nuestra odisea, haciendo nuestra estadía muy agradable, con melodías muy gancheras de corte techno.

En algunas ocasiones, para abrir puertas necesitaremos tarjetas de colores y en otras... bueno, cabezas...
Lamentablemente, luego de todo lo lindo que hay que decir de este juego, esta esa parte fea, la de las cosas que no gustaron mucho. Y si, es inevitable, no todo es diversión a raudales por aquí. Siempre aparecen esas asperezas e imperfecciones que por mucho intentemos ignorarlas, están ahí y joden. Para empezar, la dificultad. Entiendo que es un shooter a la old school, donde no había regeneración de vida y todo eso, pero tener que hacer frente a muchísimos enemigos, que causan daño considerable, contar con poquísimos ítems para curarnos y además ¿¡Permadeath!? Como que es too much.

Segundo, a pesar de que hay un vasto arsenal disponible, solo el arma principal es la que cuenta. Las demás se gastan y se desechan… no habría estado mal, que al igual que en los shooters de antaño pudiéramos llevarlas y conseguir munición para seguir usándolas ¿Desde cuándo se descarta un lanzamisiles? También me resulto molesto que no se pueda cambiar de una a otra con las teclas numerales, solo con la ruedita del mouse.

Tercero, y es algo que cite en reiteradas ocasiones a lo largo del análisis: Strafe es injusto. No solo hay muy pocos ítems con los que restaurar nuestra vitalidad, sino que canjear chatarra –recurso que los enemigos no dejan caer en demasía- por balas o armadura es excesivamente caro. Nunca en el transcurso de una partida tuve chatarra suficiente como para comprar estos ítems más de una vez.

¡Temed ante al poder del lanzacohetes descartable!
Cuarto, y continuando con esto de las injusticias, los enemigos no hacen ruido, no emiten sonido alguno cuando corren hacia nosotros ya sea de frente o a nuestras espaldas. Lo que es peor, solo nos damos cuenta que están detrás nuestro cuando sentimos que nos golpean y bastan tres, máximo cuatro golpes para reducir nuestra armadura a cero. No se dan una idea de lo frustrante que resulta eso, porque Strafe es implacable… ¿Moriste? ¡Ay, que lastima!, de vuelta al punto cero y anda a cantarle a Gardel, purrete.

Quinto, si bien como ya he dicho, este videojuego bebe de los clásicos hasta embriagarse de nostalgia, presagiando una jugabilidad rápida y frenética, el hecho de todo lo anteriormente citado hace que en vez de ir por los niveles disparando a troche y moche, seamos muy cautelosos… casi al punto de ir como arrastrándonos debido a la paranoia de que en cualquier momento alguien nos va a atacar por detrás o que una puerta se va a abrir lanzando un enjambre de enemigos que nos pueden eliminar en cuestión de segundos.

Como podrán apreciar son varios aspectos negativos, al menos en lo que a mi experiencia respecta, los que me dejo Strafe. Y eso sin contar algunos bugs gráficos como enemigos que disparan a través de las paredes, o como me paso en una ocasión, caer por el suelo y quedar encerrado en cuatro sin salidas, debiendo comenzar la partida nuevamente. Todo esto puede sonar mal, lo sé, y no me agrada pegarle a los videojuegos. Sin embargo, a pesar de estas cuestiones, Strafe es un juego divertido, que capta a la perfección el concepto de shooter de aquella época dorada, donde lo que primaba por sobre todo era la habilidad del jugador. De todos modos y amén de lo injusto que pueda resultar, de la cantidad incontable de veces que morí, de horas de implacable castigo, no me canse de comenzar una y otra vez… eso sí, previo rezo para que la suerte estuviera de mi lado.

¡Adiós nivel mugroso! ¡Te veré en el infierno!
Palabras Finales:Strafe es un shooter entretenido, bien planteado conceptualmente que, por momentos, nos llevará de vuelta, sin escala, a los años noventa. Sinceramente hubiera preferido un juego más del estilo Duke Nukem o Doom y no un roguelike per sé. De cualquier modo, es un titulo que a su modo se deja disfrutar y se hace querer. Lamentablemente, parte de la experiencia se ve empañada por una dificultad poco ajustada y por algunos bugs que espero se resuelvan con próximas actualizaciones. ¿Lo recomiendo? Claro que sí, pero solo a aquellos nostálgicos como yo que, pese a lo molesto que le resulten, sabrán dejar a un lado las asperezas y disfrutar de un buen festín gore.


Lo bueno:
- El concepto de shooter de los ´90 bien implementado.
- Festín gore: sangre y tripas por todas partes.
- Diseño de niveles, variedad de armas y enemigos.
- La banda de sonido.

Lo malo: 
- Dificultad desequilibrada e injusta.
- ¿Armas descartables? ¡Por favor!
- Canjear chatarra por municiones y armadura es excesivamente caro
- Que el miedo a morir nos lleve a ser muy cautelosos en un título que se supone frenético.

Nota Final:
7
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ESCRITO POR Viejo Frank

Amante de los juegos, las series, películas y cómics... ¡Y del maldito rock n roll! Si no está jugando, está tocando su bateria.

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