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Análisis: State of Mind — un futuro sombrío

State of Mind es el thriller de ciencia ficción de Daedalic Entertainment que nos lleva a un futuro distante, inspirado en las obras de Isaac Asimov.

Calificación:


Desarrollador: Daedalic Entertainment
Distribuidora: 
Daedalic Entertainment
Lanzamiento:15 de agosto de 2018
Plataforma: PC, PlayStation 4, Xbox One, Switch

Análisis basado en una copia digital para Steam facilitada por Daedalic Entertainment

La ciencia ficción tiene ese punto tan clave donde, en cualquiera de sus obras destacadas, hay un antes y un después en el género, por así decirlo. H. G. Wells escribió la novela The War of the Worlds pero, años más tarde en 1938, Orson Welles decidió adaptar la obra en un guion radial y relató, como si fuese un suceso verdadero, la historia. La conmoción que se levantó en la sociedad fue sin precedentes, dejando esto una marca en la historia, como propuse anteriormente. Alien, la creación de Dan O'Bannon dirigida por el genial Ridley Scott supuso lo mismo para el cine de ciencia ficción y extraterrestres. Blade Runner, también de Ridley Scott aportó lo suyo adaptando una novela del magnífico Philip K. Dick. Terminator 2: Judgment Day de James Cameron también dejó su marca. The Matrix, de la mano de las hermanas Wachowski cambiaron todo un paradigma generacional.

De esta forma, y con bases sólidas en el género desde hace años y años, es difícil ver una película, leer un libro o jugar un videojuego que no nos traiga recuerdos a algo ya establecido o creado. Pero justamente eso no es algo negativo: mientras no sea una copia de otra cosa, que un autor tenga la impronta de otro autor, al menos para mí, no es algo desfavorable, porque muchas veces nos permite generar esa empatía temprana que necesitamos para engancharnos con una historia, una situación, un contexto. Justamente eso es lo que hace State of Mind todo el tiempo, dando vueltas y revoloteando por el increíble mundo que Isaac Asimov supo crear hace muchos años.


El juego está muy bien ambientado en el año 2048 y es, sin duda alguna, un gran thriller futurista. Absorbe muchos detalles del género, como robots y androides siendo parte del día a día de la gente, una importante escases de recursos, gobiernos de ultra derecha y corporaciones que manejan todo lo que uno puede ver. En las 8 horas que tiene el juego aproximadamente, todos estos conceptos se van ampliando de forma significativa gracias a una narrativa clara y dinámica, que nos hace recorrer cada centímetro de la historia gracias a la empatía que logramos con los personajes. La historia es atrapante, pero le falta mucha fuerza para estar a la altura de lo que el juego propone. Por momentos se puede volver todo un poco lento, yéndose por las ramas. En contraparte, el hecho de manejar dos personajes totalmente diferentes y tener que investigar todo con cada uno de ellos, le da un toque de brillo al gameplay, que termina de darle un cierre positivo a esta aventura gráfica.

Como la gran mayoría de las aventuras gráficas, el juego tiene un avance lineal, y objetivos muy claros, que hacen imposible el hecho de quedarnos trabados en algún lugar o no saber qué hacer para continuar. Constantemente nos vemos avanzando, descubriendo nuevos detalles de la historia, interactuando de forma acertada con diferentes cosas o personajes. Esto hace a la dinámica del juego, que quizás hagan al juego un tanto “fácil” para aquellos que buscan desafíos fuertes en un juego de investigación. Los motivos de los personajes, lo que los impulsa a seguir, son sentimientos clave y muy bien desarrollados, mientras que el resto de los personajes quizás pecan de tener poco desarrollo, dando por resultado que algunas de sus acciones no tengan mucho sentido con la historia pero, incluso así, tiene correlación con lo lineal de la historia.

La primera mitad del juego, propone una linealidad muy similar a la de juegos como Life is Strange, donde la historia es lo principal, donde debemos ir y venir por todos lados para descubrir nuevas pistas. La segunda mitad, sin embargo, cambia radicalmente y dejando un poco la historia de lado (que ya cobró fuerza y se supo levantar por si sola) y se comienza a centrar en los puzzles, como solían tener las aventuras gráficas de antaño, cosas como combinar objetos, presionar algunos botones en orden y ese tipo de cosas que los amantes del género sabemos apreciar con todo gusto.

Además, el hecho de poder intercambiar entre los dos personajes principales no solo me recuerda al viejo y amado Maniac Mansion, sino que también le da una dinámica particular al juego, como si ampliara su poder de entretenimiento. Como decíamos antes, toda esta gama de acertijos y puzzles son fáciles de resolver por su carácter lineal, y tampoco es que tenemos tanta amplitud de decisión ni tanta interacción con el entorno, por lo que no supone gran desafío ni para quienes están acostumbrados a este tipo de juegos, ni para aquellos que no lo están.


Donde realmente hace diferencia el State of Mind es en su apartado visual, donde usa un estilo low poly para los personajes y entornos, recordando a viejos clásicos como el Another World, o mucho más atrás en el tiempo, al Alone in the Dark. Obviamente no hay comparación, son juegos de épocas diferentes y de tecnologías diferentes, pero está claro que los desarrolladores del State of Mind apostaron más al juego y su jugabilidad, utilizando esta acertada apuesta visual que no solo queda impecable sino que, claro está, consume muchísimos menos recursos a la hora de procesar el juego. Aun así, los diseños son geniales, nos adentran en un mundo futurista con todas las letras, con arquitecturas minimalistas y ángulos por todos lados. Si bien es un estilo poco convencional para la época, le da un toque particular al título, que acompañado de una banda sonora atmosférica, termina de cerrar un apartado técnico que convence desde el minuto cero.

Queda claro a esta altura que estamos frente a un juego dispar, que ofrece cosas tan buenas como algunas no tanto, y para cierto público esto puede ser totalmente perjudicial. En su salida, una de las quejas de los usuarios fue que el juego está lejos de justificar su costo, haciendo hincapié en que el juego “no es tan bueno ni complejo” como para costar lo que cuesta. Personalmente, creo que el juego tiene un equilibrio medianamente bien proporcionado, pero está hecho solo para fanáticos amantes de las aventuras gráficas. Aquellos que busquen algo más de lo que una clásica aventura les puede dar, están en el lugar equivocado.


Palabras Finales:
A State of Mind no lo podemos rejugar, porque vamos a vivir una y otra vez la misma historia, por toda esa estructura lineal que mencioné con anterioridad. La historia es atrapante en un principio, pero también es verdad que comienza a perder fuerza con el paso de las horas. Los personajes son dispares, como también ya hice mención. Tenemos algunos muy elaborados en cuanto a su contexto, y otros a los que apenas conocemos, pero que son bastante relevantes en la historia y su continuidad. Para resumir, podría decir que es un juego que inicialmente promete un montón de cosas que más tarde no sabe cumplir, y solo nos tenemos que quedar con la experiencia de juego.

Lo bueno: 
- La elección estética. Los diseños. El minimalismo futurista y la arquitectura.
- El futuro inspirado completamente en las obras de Asimov.
- El contraste entre los dos personajes principales.

 Lo malo:
- Pierde fuerza de la mitad hacia adelante. Mucha fuerza.
- Los personajes secundarios, importantes en la historia, no están bien desarrollados.
- Los puzzles son demasiado fáciles, no suponen ningún desafío.
- Por momentos se torna un poco aburrido.

Nota Final:
6.5


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ESCRITO POR Lucas Robledo

Game Designer y Producer. Redactor mercenario. Cinefilo conflictivo. Casi músico y muy poco de ilustrador. Gamer de la vieja escuela. Aficionado al terror, a los comics y a la literatura.

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