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Peli-Review: It (2017) — Muy fiel, pero distinta cuando necesita serlo


Tras Fukunaga haber abandonado el proyecto por las tan famosas “diferencias creativas”, Andy Muschietti, oriundo de Argentina, hizo un pitch que encantó a los chicos de New Line Cinema. Un pitch que, habiendo visto el film, intuyo que tenía: por un lado, el drama introspectivo que proponía el guión de Fukunaga y, por otro lado, los momentos de horror que el estudio buscaba; hilvanando todo esto, está también una óptima fidelidad a la novela homónima, que no teme a tomarse libertades en las oportunidades más concretas.


Donde el film más puntos saca es en la caracterización de personajes: el Losers’ Club (o Club de los Perdedores) está brillantemente casteado, compuesto por integrantes muy distintos el uno del otro, y esa minuciosa construcción de sus identidades, sumado al diálogo, da rienda suelta a interacciones mayormente para el recuerdo, con muchas risas por ser tenidas. Pero no sólo a través del diálogo se logra este efecto (con la excepción de Richie Tozier, que hace eterno honor a su apodo “Bocazas”), sino que también el espectador se topará con varias escenas exentas de diálogo que aun así exponen a la perfección la caracterización de los personajes y los pequeños subconflictos que se dan cuando comparten escena. Además, se le saca mucha ventaja a Beverly, única chica del grupo que trae un gravitas muy bienvenido y aprovechado también a través del conflicto principal. Este apartado de la película es digno del aplauso y la mejor razón por el cual el film se desenvuelve con tanta soltura. Pennywise no queda atrás: Bill Skarsgård trae al personaje de unas cualidades no vistas ni en la novela ni en el telefilm de los 90. De nuevo: excelsa caracterización, desde la estilización hasta los movimientos que el mismo Skarsgård realiza (¡ni que hablar del desvío de su ojo izquierdo!), todo que en conjunto nos hace creer que sin duda este payaso viene de algún circo… ¿o de algún otro lado? Su guarida es un set que deslumbra creatividad, confiriendo mayor profundidad a los actos del payaso.

Pero siendo el material homónimo que adapta tan extenso y coral, aquí viene la parte en donde el film desliza de a ratos: estructura. Los arcos de estos personajes están hasta ahí nomás, algunos bien (Bill, Beverly y Eddie, sobre todo) y otros a los que le falta. La mayoría de los secundarios aparecen alrededor de tres veces, lo suficiente como para generar un patrón y no mucho más. Se echa de menos la presencia de los padres de Bill, cuestión que le resta profundidad a su motivación, la cual está directamente arraigada al conflicto principal de la trama. Stan empieza con fuerzas pero su personaje se termina pinchando, en parte porque su arco termina relegado a un segundo plano y en parte porque el actor cuesta convencer del todo en momentos cruciales de la aventura. Mike también, aparece en los primeros minutos de la película pero su subtrama queda ahí, tendida en el aire, y son en estos momentos donde el guión recae en el recurso soso del diálogo para exponer la trama, grave error al que ningún guionista debería acudir a no ser que sea con una intención ulterior. Son cuestiones que podrían haber estado más pulidas así como también mucho, mucho peor, dado que es difícil encontrar el equilibrio en una historia con tanto contenido.

El film comienza sosegado, impregnando la pantalla con lo que será su esencia a lo largo de las dos horas que dura: Bill y Georgie arman el barquito en una escena muy amena, con lluvia de fondo. Lo lindo lo tenemos ahí, frente a los ojos, pero uno ya sospecha que se aproxima algo turbio. Muschietti nos tantea una vez, con una escena en donde se construye la tensión pero donde Georgie sale completamente ileso, para pocos minutos después presentarnos al payaso y dar rienda suelta al conflicto principal del film. Y no sólo el primer acto, sino la primera mitad de la trama sufre porque en gran parte se da casi un pastiche de escenas mostrándonos cómo cada protagonista se cruza con It. Atención, no siempre se da así, a veces estas escenas sí están conectadas, presentando una causalidad del todo plausible, pero en muchas otras ocasiones se dan saltos que dejan la sensación de que nos perdimos de algo… ¿error de guión o de edición? Difícil discernirlo, pero que vaya a salir un Director’s Cut (corte del director) me da la impresión que es un tema de recorte, y que los quince minutos extras de la versión doméstica dosificarán al film de un plus inequívoco.

No obstante, dejando de lado algunas flaquezas en el rigor narrativo, esta moderna adaptación presenta un argumento que es tan fiel a la novela como tan distinto cuando necesita serlo. Es que, de nuevo, en dos horas uno no puede aglutinar media novela de 1500 páginas (de acuerdo a la edición de DeBolsillo), así que los cambios, a mí modo de verlo, son bienvenidos: aportan la pica necesaria en pos de vigorizar el conflicto. Sin embargo, resbala una vez más, aunque no tanto, en su clímax: si bien se alcanza una catarsis satisfactoria, es donde la tensión más falla, y queda la sensación de que el punto más álgido de la cinta fue al final del segundo acto, cuando el punto más álgido debería ser, justamente, el clímax. En líneas generales, la anatomía de la tensión que maneja Muschietti no es nada fuera de lo que ya hayamos visto, con algunos jumpscare bien colocados y un repetido uso de Pennywise corriendo a pantalla, al tiempo que se le da al fondo de estos planos un movimiento interesante, como frenético; incluso en una escena Pennywise, dentro de la diégesis, “llega” a la pantalla y “sale” de la misma (muy meta todo).

Otras elecciones “interesantes” recaen sobre todo en cuestiones de montaje, siendo la más llamativa la que se da en la famosa pelea con las piedras: Muschietti tomó una famosa parte del libro y le dio un giro muy propio, dotándola de una energía que antes no tenía y transformándola en uno de los momentos más memorables del film por varios aciertos. Esta escena y otra en particular me recuerdan al estilo que tiene Edgar Wright para contar historias, un estilo llamativo dentro del género por lo cual es una decisión arriesgada pero muy bienvenida por parte del director, que seguramente empujará nuevas costumbres dentro del género.


It es un film que primero y antes que todo se preocupa de ser un buen producto; trayendo un brillante marketing por detrás y más allá de su género, amalgama convenciones de distintas partes, siendo mayormente un drama impregnado con diversas emociones y que nunca te suelta, a pesar de contar con un rigor narrativo que por momentos patina. Con un argumento tan fiel como distinto cuando el momento lo amerita y con un enorme trabajo de caracterización, llegado el negro, uno no puede sino quedarse hambriento, como el payaso, esperando que pase el tiempo hasta que finalmente podamos ser testigos del final de esta historia.

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It doesn't smell like caca to me, señor
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ESCRITO POR gonzzCABJ

Escritor en ratos libres. Gamer por la noche. Cineasta en el futuro.

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