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Análisis: Days Gone — zombis, motoqueros y mandados

Bend Studio trae un nuevo exclusivo de PlayStation, Days Gone, un título de mundo abierto en el que surcamos los bosques de Oregón con nuestra motocicleta mientras nos adaptamos a un mundo que sucumbió ante una infección.

Calificación:


Desarrollador: Bend Studio
Distribuidora: PlayStation
Lanzamiento: 26 de abril de 2019
Plataforma: PS4

Análisis basado en una copia digital facilitada por PlayStation Latinoamérica.

Videojuegos de supervivencia con zombis hay muchos, pero hay que reconocer que Days Gone tiene un enfoque propio. Bend Studio trae un nuevo exclusivo de PlayStation, un título de mundo abierto en el que surcamos los bosques de Oregón con nuestra motocicleta mientras nos adaptamos a un mundo que sucumbió ante una infección. Post-apocalipsis puro, aunque sin escasez de gasolina.

Days Gone nos presenta a Deacon St. John, un motoquero devenido en cazarecompensas que, luego de perder a su mujer en la noche en que estalló la catástrofe zombi, disfruta de la vida en el camino. Siempre esquivando los asentamientos, Deacon se verá forzado a dejar de lado su vida de nómade para resolver algunas cuestiones de su pasado y lidiar con nuevos problemas, que van más allá de los zombis, acá llamados Freakers.


Es fácil comparar a Days Gone con The Walking Dead y Sons of Anarchy. Tiene mucho de ambos y el foco de la historia está en el drama. Ahondaremos en esto más adelante, pero es importante saber que en el juego de Bend Studio, el foco no son los zombis.

Days Gone es un juego de acción y supervivencia en mundo abierto. El mapa es enorme, un vasto terreno que ofrece variedad de biomas (como bosque, granjas, montañas nevadas y otros) y eventos emergentes que requerirán que actuemos de distintas formas. Recorrer en moto los pequeños senderos entre los árboles puede alertar lobos u osos, que hasta pueden venir infectados. Pero nada está garantizado ya que el mundo se comporta como si fuese vivo. Los eventos son azarosos y los peligros asechan en cada rincón.

Una de las claves del juego es tu moto. Deacon y ella son inseparables, y gran parte de las mecánicas de exploración y de supervivencia giran en torno a ella.


El mundo abierto de Days Gone se recorre en moto. Luego de enterarnos de que nuestro protagonista pierde a su mujer, el título nos transporta dos años en el futuro, lo que será el escenario de juego. El salvaje Oregón, ahora menos civilizado, plagado de zombis y de supervivientes que solo piensan en ellos mismos. La historia de Deacon, y el juego, empiezan acá. Con una persecución en moto junto a su mejor amigo Boozer, otro de los personajes centrales de Days Gone.

Aunque el título tiene una historia principal lineal, como todo juego de mundo abierto, el jugador es libre de explorar. Con ciclos de día/noche, eventos emergentes y una buena cantidad de misiones secundarias, en Days Gone hay mucho para mascar. El punto fuerte es que nunca nos bloquean el camino. El mapa es intimidante, es realmente grande, y la historia nos llevará por todos sus rincones, pero ver todos los secretos y explorar los detalles estará reservado para quienes exploren por su cuenta, incluso si quieren hacerlo desde el principio.


Las primeras horas con Days Gone son intensas. Conocer los primeros zombis y aprender cómo lidiar con ellos; el primer viaje largo en moto y aprender a dominar el manejo; los primeros enfrentamientos contra saqueadores, que nos dan a entender que el verdadero peligro del Oregón post-apocalíptico son los humanos, no los infectados. Este exclusivo de PlayStation nos atrapa: tiene muchas mecánicas para mostrar, un sistema de combate con amplias posibilidades y un mundo que parece inabarcable.

Pero a veces hasta lo más atrapante se desinfla.

Days Gone es un título que ofrece un mínimo de 30 horas, solo si hacemos la historia principal. Y aunque a lo largo de esa historia van llegando dosis de novedad, la mayoría se concentran en el primer tercio del juego. Llega un punto en el que la experiencia se ahoga en un océano de repetitividad que empapa todos sus apartados.

Pensando en el combate, se apoya en tres pilares: sigilo, melee y combate a distancia. Enfrentarnos a zombis, animales o saqueadores armados nos permite explorar las tres vertientes, y adaptarnos en el momento: podemos estar jugando a puro tiroteo, quedarnos sin balas y esquivar airosamente las balas del enemigo para matarlo de un par de hachazos. El problema es que casi todos los combates de Days Gone están diseñados de manera similar y eso hace que luego de completar algunas misiones, terminemos dándonos cuenta de que la estrategia a utilizar es siempre la misma. Abusamos de la estrategia y esto es gracias a que la IA de los enemigos deja bastante que desear.


En el mundo de Days Gone hay asentamientos llamados campamentos. Las misiones de la historia giran en torno a ellos y las misiones secundarias también. Aunque cada uno de estos campamentos tiene su propia historia con personajes bastante particulares, los “trabajos” que hacemos para ellos son siempre los mismos: infiltrarnos en otros campamentos y matar a todos, (con la lamentable noticia de que casi todos los campamentos tienen un diseño de “nivel” parecido); persecuciones en moto con tiroteos incluidos; ir a buscar a alguien en particular para asesinarlo; ir a buscar un objeto en un punto A para llevarlo al punto B; y misiones tipo detective en las que seguimos pistas. Además, hay unas misiones particulares, todas iguales, que nos obligan a usar el sigilo para espiar a los científicos que investigan a los Freakers.

Days Gone no es un juego aburrido en general, pero sí es un juego con mucho relleno, con misiones que no llevan a nada en términos de trama y que aportan poco y nada al progreso del personaje. Problemas de ritmo puros. Hay momentos memorables, claro, pero que resaltan especialmente por lo repetitivos que son los demás. El propio Deacon se queja más de una vez, dejando en claro que él no es “un chico de los mandados”. Pero sí lo es al final. En la piel de Deacon somos recaderos, cumpliendo misiones aburridas para personajes que poco nos importan, salvo contadas excepciones.


El lado rolero del título está en el árbol de habilidades. Deacon desarrolla habilidades en Cuerpo a Cuerpo, Combate a Distancia y Supervivencia. La progresión es totalmente natural y nunca es necesario levelear para enfrentar una misión particular. Nos orientamos a determinada estrategia de combate de acuerdo a cómo distribuimos los puntos de habilidad. En lo personal, en mi partida me orienté 100% al combate melee, distribuyendo casi todos mis puntos en Cuerpo a Cuerpo. De esta forma, tener una buena barra de resistencia para esquivar y afilar el sigilo fueron dos habilidades importantes para encarar los combates. Los jugadores que prefieran pelear a “tiro limpio” podrán distribuir los puntos de otra forma.

También hay progreso en relación a la moto. En los campamentos podremos comprar mejoras para el motor, el tanque de gasolina y otros apartados. Al principio, conducir es un tedio porque los controles de manejo son poco precisos, pero una vez que le agarremos la mano, explorar es todo un placer. A diferencia de otros juegos de mundo abierto, en Days Gone nunca estamos a pie, nunca avanzamos lento por el mapa, lo que hace que no sea engorroso no recurrir al viaje rápido si alguna misión no lo permite. La moto termina siendo el chiche nuevo que no queremos dejar de cuidar.

Volviendo al asunto de la inteligencia artificial: los humanos dejan mucho que desear, los enemigos infectados cumplen. Estos últimos tienen comportamientos más acorde a lo que esperamos de una inteligencia animal. Las hordas de Freakers avanzan como verdadera fauna, parte de ese ecosistema que es el Oregón destruido. Destruir nidos de Freakers es un desafío porque su velocidad y su estilo de pelea son realmente un peligro.



Los problemas surgen en relación a los enemigos humanos. Tanto los saqueadores como los Muertos (humanos sectarios que veneran Freakers) son fácilmente burlables. El sigilo no está bien implementado porque los enemigos a veces son muy estúpidos o a veces tienen ojos que ven a través de las rocas.

El asunto estratégico falla por la inteligencia artificial también. “Arrojar” una horda zombi contra un campamento de saqueadores es una buena idea, pero en la práctica ni los zombis ni nosotros entendemos que estamos haciendo.

Y volviendo al asunto de las hordas, lamentablemente no son tan centrales en la propuesta de juego como prometió Bend Studio. Sin exagerar, hace falta progresar unas 20 horas en la historia principal para ver la primera horda propiamente dicha. Antes de eso, solo vemos grupos de 50 zombis como máximo. Enfrentarnos a grupos gigantes de zombis es el único desafío en términos de supervivencia que exige el juego. Esto refuerza el punto de que, aunque estos seres no sean el foco de la trama, si constituyen lo más divertido de la propuesta de gameplay. La supervivencia es un condimento más, sin que sea necesaria una gestión de inventario y recursos muy metódica. Abundan los botiquines, la gasolina y cualquier material para craftear bombas, trampas o armas melee.


Dejando de lado todo lo relacionado a los Freakers, todo lo demás en Days Gone son mecánicas que ya vimos. En todo momento estamos frente a un sistema de combate que funciona, pero que no maravilla; a un sigilo sencillo y poco desafiante; y a un mundo abierto que tiene mucho para hacer, pero poca variedad dentro de ese mucho. Es divertido, ofrece muchas horas de juego, pero no dejamos de pensar que “esto lo vimos en tal lado, y aquello es parecido a lo que jugamos en este otro juego”.

Days Gone es genérico y eso pesa especialmente en PlayStation, que nos tienen acostumbrados a un catálogo de exclusivos bien diferenciados. Nos enganchan los paisajes de Oregón y la propia premisa de que los zombis sean libres como en ningún otro juego, pero con mecánicas promedio, no termina de capturarnos como esperaríamos.

Algo similar podemos decir de la historia. Desde el lado positivo, Deacon no es el típico protagonista del juego de acción moderno. No es un héroe, tampoco es el chico malo. A lo largo del juego conocemos su historia y llegamos a empatizar con él. Es un drama bien narrado, que aunque toque tropos comunes del género post-apocalíptico, se disfruta. Puntos extra a la relación que tiene con su mejor amigo Boozer. Son los personajes mejor escritos, junto a Rikki y los demás lugareños de Lost Lake, el campamento más memorable del juego.


Claro que esto no quita que haya asperezas. A veces se hunde en melodrama al punto que hay situaciones directamente ridículas. Hay campamentos que no cortan ni pinchan al final de la historia, siendo puro relleno argumental y de jugabilidad.

Desde el punto de vista técnico, es un título para jugar obligadamente con PlayStation 4 Pro, al menos así pareciera ser si tenemos en cuenta opiniones de colegas que nos comentaron que en las versiones Fat y Slim los tiempos de carga y la carga de texturas son lentos. Nosotros basamos todas nuestras reseñas en la versión Pro de la consola y el rendimiento de Days Gone ahí es correcto. Como en todo juego de mundo abierto, hay bugs inexplicables, algunos muy divertidos y/o molestos, pero ninguno rompe el juego. Hay texturas que no cargan del todo, pero el framerate se mantiene estable, para sorpresa también durante los combates con muchos enemigos.

El apartado sonoro cumple con creces. La banda sonora sabe darle a las mejores misiones el dejo melancólico que tanto arrastra la historia personal de Deacon. Las actuaciones de voz son lo que uno espera de un AAA de este calibre y el doblaje latino está a la altura.


Palabras Finales:
Days Gone es un cóctel de géneros, una navaja suiza que no hace nada necesariamente mal, pero que tampoco se luce especialmente bien. Llega con lo justo para ofrecer una experiencia divertida, con elementos de supervivencia, sigilo, acción y roleo sin mucha ambición ni innovación. El punto fuerte son los Freakers, combatir contra ellos nos pone tensos. Las hordas también, que tardan demasiado en llegar, pero son el elemento estratégico, el desafío que hace que valga la pena pulir las habilidades de Deacon.

El viaje por Oregón consigue enganchar a los amantes de lo post-apocaliptico, aunque a veces requiere un poco de paciencia por ser repetitivo. A la moto no hay que menospreciarla: la exploración en dos ruedas nos da velocidad, pero también nos deja desprotegidos. En todos los rincones de Days Gone puede haber un Freaker esperando para emboscarnos.

Lo bueno:
- Deacon es un personaje muy querible
- Buena química con los personajes secundarios y algunas sorpresas en la historia
- Los zombis, y especialmente las hordas, son un verdadero desafío
- El mundo abierto se presta a pasear en moto y tiene personalidad: los paisajes, el comportamiento de la fauna, los eventos emergentes...

Lo malo:
-… pero muchas misiones, especialmente las secundarias, son repetitivas.
- Problemas de ritmo.
- Una IA que deja bastante que desear (en enemigos humanos)
- En términos generales, no trae muchas novedades

Nota Final:

7
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ESCRITO POR Florencia Orsetti

Editor in Chief y fundadora de SHD. Aficionada por el horror tanto en videojuegos como en cine y literatura, tiene varios años de experiencia en redacción periodística. Seguidora y promotora de videojuegos independientes.

2 Gritos :

  1. Hola una pregunta el juego te permite cumplir misiones tipo sigilo pasando inadvertido por los enemigo onda Deus Ex,o si o si tenés que matar a todos?un saludo.

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  2. Las misiones son todas de matar gente, podés elegir matarlos en sigilo o no. Es un juego de acción y el sigilo no está bien implementado.

    Podés elegir en determinadas misiones no matar a todos, pero algunas misiones se basan en matar (tenés un contador, tipo 5/10 muertes).

    Las únicas misiones "pacificas" son en las que investigas científicos, y ahí usas sigilo al 100%. Pero serán 8, como mucho, en todo el juego.

    En conclusión, si te gusta el sigilo no es un buen juego para vos :P

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