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Análisis: Catherine Full Body — mucho más que una remasterización

El videojuego de culto Catherine debuta en la generación de PlayStation 4 con esta versión del título de Atlus para PS4 y PS Vita llamada Catherine: Full Body.

Calificación:


Desarrollador: ATLUS
Distribuidora: SEGA/ATLUS
Lanzamiento: 3 de septiembre de 2019
Plataforma: PS4

Análisis basado en una copia digital para PS4 facilitada por SEGA/ATLUS

ATLUS trae una reversión del clásico de culto Catherine, aquel que llegó a PS3 y Xbox 360 en 2011. Esta nueva entrega no es un remake, tampoco una secuela, está a medio camino entre ambas. Catherine: Full Body es un juego de puzles excelente y a su vez una novela visual provocativa, no en el sentido erótico de la palabra (sería fácil esperarlo si juzgamos el juego por su portada), sino en lo que respecta a cuestionar roles de género y las expectativas que tiene la sociedad en relación a ello. 

Esta nueva entrega ajusta el diseño de los puzles del original, haciéndolos más justos y, por ende, más divertidos; agrega nuevos modos de juego (incluyendo uno con puzles nuevos) y cambia la historia, no por completo sino que agrega nuevas rutas posibles que destapan un nuevo personaje central: la joven Rin, que representa un posible nuevo amor para nuestro protagonista y un nuevo elemento que complejiza la trama.


En Catherine: Full Body tomamos el rol de Vincent, un tipo que vive lo que se conoce como “la crisis de los 30 años”, aunque para él la cosa es más complicada porque por las noches se enfrenta a pesadillas sobrenaturales donde lo quieren ver muerto. El momento en que comienza a tener estas pesadillas coincide con la llegada de Catherine a su vida, una joven desconocida que se obsesiona con él. El problema de todo esto es que Vincent está comprometido con Katherine, su novia de hace más de 5 años.

Encarnar a Vincent implica encarnar a un niño hombre, un tipo que no sabe lo que quiere y que nunca se sentó a reflexionar sobre la vida adulta. La gracia de la historia del juego es que Vincent es tan indeciso que es sencillo ponernos en situación. El tipo no tira para el lado de Katherine ni para el de Catherine. No hay una bajada de línea moral, sino que ATLUS lleva adelante todo el asunto con humor y sátira sobrenatural, claro que sin perder el ojo crítico, sin dejar de hacernos pensar sobre las presiones sociales y todos los dramas relacionales contra los que luchan los personajes de esta historia.


La aventura se divide en dos secciones bien diferenciadas: las pesadillas de Vincent, que se resuelven como puzles de plataformas, y las secciones de simulación social, en las que pasamos el rato con nuestros amigos en nuestro bar favorito conversando, bebiendo y hablando y mensajeando por celular.

En lo que respecta a puzles, escalaremos secciones de plataformas que tienen sus propias reglas. El desafío está en mover cubos gigantes para abrirnos camino a contrarreloj hacia la cima de una pirámide. La presión del tiempo es tal que tendremos que decidir rápidamente qué cubo mover y para qué lado. Si nos equivocamos, tenemos una cantidad limitada de movimientos de deshacer para volver atrás la acción y re-pensar el puzle.

La historia se divide en nueve mundos de pesadilla, cada uno de ellos con varios niveles y un jefe final. A medida que avanzamos, los puzles se complejizan y la línea que divide la realidad de Vincent del mundo de las pesadillas se va borrando.


Los puzles son atrapantes y difíciles. Sin embargo, no llegan a ser frustrantes como en el juego original ya que hay varias opciones que podemos activar en el caso de que nos encontremos trabados. Además de incluir dos dificultades por debajo de la normal (Safety y Easy), se puede activar un modo que auto-completa los puzles y otro en el que no hay límite de tiempo para resolverlos.

Pero Catherine es un híbrido único, de modo que el juego no sería lo mismo sin la historia y sin las posibilidades que tenemos de cambiar su curso. En las secuencias en el bar interactuamos con personajes secundarios, también con Catherine, Katherine y Rin. La forma en que respondemos en una conversación influye en el final. Lo mismo aplica a los mails o llamadas. No responderlos es una opción y altera el curso de la historia. Al final de cada secuencia de pesadilla nos someteremos a un confesionario donde nos harán una pregunta que, obviamente, influye en el final.


En la balanza moral del juego, Catherine representa el caos y Katherine el orden. Cada vez que tomemos una decisión, aparecer un medidor que se inclinará hacia el azul si optamos por el orden o hacia el rojo si nos gusta el caos.

Como videojuego, Catherine copia la estructura de las novelas visuales eróticas en las que vamos entablando conversaciones para conquistar a una chica o a la otra. Claro que el juego de ATLUS es más complejo que esto porque la decisión no se reduce a elegir con quién tener una cita y con quién no. Hay que resaltar las problemáticas propias de la vida adulta que plantea el juego, especialmente con la introducción de Rin que hace menos predecibles y binarias las decisiones a tomar para sacar cada final, de un total de 13 (hay cinco nuevos en Full Body).


Catherine: Full Body no agrega “una chica más” a la ecuación. Hoy más que nunca está claro que este juego de ATLUS no puede ser visto como una novela visual de citas; la mirada reduccionista de jugar “para ver con qué chica me quedo” no es válida cuando se ponen sobre la mesa temas como la identidad de género, la orientación sexual, la mononorma, asumir o no la paternidad y otras cuestiones.

La introducción de Rin a la historia significa para Vincent una nueva forma de concebir su sexualidad, una nueva forma de ver las relaciones. Todo el asunto de Catherine vs. Katherine sigue siendo binario y estereotípico, incluso cuando Full Body agrega cinemáticas y finales en los que se critica el machismo y la inmadurez del protagonista. Por esta razón, Rin introduce una nueva rama en la historia que se siente fresca y libre. Las opciones ahora son más que dos, nada se reduce a elegir entre caos u orden.

ATLUS también ajustó la transfobia y la forma en que presenta a Erica, la amiga no cisgénero de Vincent y compañía. Sin dar spoilers muy grandes, solo diré que las instancias de Catherine (2011) en las que podías tratar a Erica como si estuvieses tratando con un hombre han desaparecido. En concreto, reemplazaron líneas de diálogo obviamente transfóbicas en cinemáticas y en los mensajes de texto de Vincent. Los finales en los que se menciona la transexualidad de Erica a modo de chiste quedaron, pero esto también está ligado a la idiosincrasia japonesa, que tiene más tolerancia al humor misógino y está socialmente aceptado. Por estas cosas sucede que jugar Catherine implica un choque cultural.


Catherine: Full Body sigue siendo igual de bizarro que el juego original. Lo temas que aborda la mayoría de las veces están tratados de manera inteligente, otras veces sucede lo contrario. Pero aun así, es un juego que se quedará con nosotros por mucho tiempo, que toca varias fibras sensibles sobre lo que entendemos por relaciones de pareja y que se muestra más abierto que nunca. Rin calza perfecto en la historia y tira abajo los conceptos estereotípicos y binarios. Yo no hay negro y blanco, hay un posible gris que deja de lado los arquetipos de “la esposa estricta” y “la novia divertida” y hasta agrega un final especifico en el que Vincent prueba un poco de su propia medicina.

Antes de cerrar quiero comentar sobre cómo Full Body incentiva la rejugabilidad. Además de los modos multijugador online y local, ya sean co-op o competitivos, se han añadido desafíos nuevos y la opción Arrange, que aporta nuevas mecánicas y estrategias al uso de los bloques en todos los mundos, lo que hace que volver a jugar sea un desafío nuevo. En el bar podemos jugar Super Rapunzel, y los modos Babel y Colisseum suman nuevos mundos y dificultades. En total, tenemos cientos de niveles con cubos para jugar. Y en el caso de que solo quieras rejugar la historia, se puede también gracias a las opciones de saltear los puzles.


Palabras Finales:
Catherine Full Body es un juego más consciente de los temas que toca, más crítico y abierto, incluso cuando retiene parte de  ese humor sexual infantil que abunda en los anime Ecchi. Conjuga una historia más humana que la anterior, reteniendo los elementos sobrenaturales que la hacen tan peculiar. Si sumamos que la jugabilidad llega mejorada en todo aspecto, con opciones de accesibilidad, ajuste de dificultad y nuevos modos de juego (multijugador y puzles alternativos), ATLUS, sin dudas, presenta un juego que reemplaza al original y es mucho más que un remaster. Es posiblemente la única forma en que vale la pena jugar Catherine hoy en día.

Lo bueno:
- Es una aventura única que logra un balance atractivo entre puzles y narrativa
- La adhesión de Rin más que un parche a la historia original la hace sentir más redonda, con más libertad e inteligencia al tratar algunos temas que plantea
- Muchos modos de juego, ajustes de dificultad e incentivos para rejugar
- El equipo de localización de ATLUS eliminó los diálogos más transfóbicos y misóginos...

Lo malo:
- ... aunque el juego todavía retiene parte del humor machista muy propio de la cultura nipona y algunos estereotipos
- Algunos niveles de puzles son repetitivos con respecto a otros

Nota Final:

8
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ESCRITO POR Florencia Orsetti

Editor in Chief y fundadora de SHD. Aficionada por el horror tanto en videojuegos como en cine y literatura, tiene varios años de experiencia en redacción periodística. Seguidora y promotora de videojuegos independientes.

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