Análisis: DOOM — goregasmo de nostalgia

Doom es un oda a la nostalgia; un festín arcade de sangre y demonios que te dejará sin aliento.
Calificación:


Desarrollador:  id Software
Distribuidora:  Bethesda
Lanzamiento:  13 de mayo de 2016
Plataforma: PC, PS4, XONE

Análisis basado en una copia digital del juego para Steam facilitada por Bethesda

"Ya no los hacen como antes". Frase poderosa, si las hay, sobre ella se cimentan la nostalgia y el bien conocido "todo tiempo pasado fue mejor". La realidad es que no fuimos pocos los que miramos con desconfianza al nuevo Doom, más cuando inicialmente estaba sepultado bajo opiniones muy negativas en Steam que había juntado en base a su beta cerrada, puramente enfocada en el multijugador. Pero el infierno supo como seducirnos y nos terminamos internando en los confines del infierno marciano para descubrir que, increíblemente, si quieren, si pueden hacerlos como antes. Doom es un oda a la nostalgia; un festín arcade de sangre y demonios que te dejará sin aliento.

Para entender la recepción inicial de Doom hay que saber que ofrece dos modos de juego bien diferenciados: el modo campaña, lo primero que probé y a lo que le dediqué casi todo mi tiempo, y el modo multijugador, con el que entré en contacto durante la beta inicial y que casi llegó a asquearme. El primero busca a toda costa presentarnos una visión modernizada del shooter arcade más vintage (como los primeros Doom y Quake). El multijugador, por su lado, se vale de los preceptos del shooter moderno para ofrecer una experiencia de juego que dista de lo que esperaríamos de un Doom y que podemos describir como genérica.

Extra: 


Ya puestas las cartas sobre la mesa, vamos a enfocarnos en el modo campaña, que es lo que vale la pena de Doom y que constituye su costado más arriesgado, que desploma como una bomba anárquica el concepto de shooter moderno y se anima a un entretenimiento que, claramente, no es para todos los públicos, pero que gustará a los fanáticos.

Doom comienza con nuestro protagonista encadenado en una especie de altar y sin muchos rodeos, nos invita a masacrar a los primeros enemigos: demonios que perecerán por el aplastamiento brutal de nuestros brazos. Craneos rotos, sangre a chorros y gritos desaforados no tardan mucho en volverse la moneda corriente de un shooter que, desde un inicio, se perfila como una maratón. Si queremos salir airosos deberemos estar en constante movimiento.


Simplón a nivel narrativo, la poca información contextual que recibimos nos llega a través de diálogos con una IA que nos sirve de guía y que nos explica que Marte está en plena hecatombe porque cuando la humanidad quiso utilizar al infierno de fuente de energía para resolver una crisis terrestre, (¡Pero qué buena idea!) las cosas no salieron como lo esperaban. Doom no es un juego que vayamos a jugar por la historia. De hecho, por momentos sentimos que los diálogos y las explicaciones le sobran, detienen la acción y nos alejan del espectacular frenesí de los combates. No es que Doom y lo narrativo no se lleven bien —en Doom 3 funcionó de maravillas—, pero colocar una historia a medias o como mera excusa a veces está de mas. Es mejor ahorrársela y darle todo el protagonismo que se merece a la acción, que es el componente central del título.

No hace falta jugar más de media hora a la campaña de Doom para darse cuenta de que se trata de una clase de shooter que ya no existe. El sistema de coberturas y la regeneración de salud son inexistentes. Al mejor estilo de los shooters arena, aquí prima la agilidad y la precisión. En este sentido, la jugabilidad es muy fiel a la esencia de los primeros Doom y shooters derivados y a ella se agrega una cuota de modernidad que lo convierten en un título que le hace justicia a los tiempos que corren a la vez que se siente de antaño. Los combates, por ejemplo, se llevan a cabo con una fluidez y un ritmo acelerado con el que ni soñábamos en la época del primer Doom. La profundidad vertical de los niveles así como su diseño lleno de recovecos hacen posible una matanza encarnizada de total libertad.



Y aunque no lo crean, los combates presentan un componente estratégico interesante. Este nuevo Doom incorpora los llamados Glory Kills que son ejecuciones a puño limpio que permiten partir un demonio a la mitad cuando ya lo hemos extasiado de tanto infligirle daño. Así, lograremos que libere una cantidad interesante de botiquines que necesitaremos para seguir en pie. En Doom no hay inventario ni regeneración de vida. En el ambiente la cantidad de items de curación es escasa como así también sucede con las balas. De esta forma, deberemos combatir de forma tal que logremos que los demonios nos provean de curación y balas al morir. Los Glory Kills serán una acción obligatoria para ello, cosa que también sucede con el uso de la clásica motosierra tan propia de los juegos de Doom, que en esta ocasión se alimenta de combustible, pero que es capaz de acabar con cualquier demonio de una tajada, logrando que este libere una increíble cantidad de munición. Los escenarios cuentan con recursos para que podamos movernos mejor como rampas y plataformas levitatorias, así como incluyen barriles y explosivos y power ups de duración limitada, muy clásicos de este tipo de shooters, que nos volverán invulnerables o aumentarán nuestro daño, entre otros efectos alocados.

Doom logra darle un sentido a la violencia desmedida a través de lo jugable con los Glory Kills que, como ya dijimos, se vuelven un componente necesario de las batallas, pero también un deleite gore que nos inyecta más adrenalina y le da a las batallas un ritmo divertidísimo. Cada combate es un festín de sangre y explosiones que, aunque repita sus demonios, consigue ser también variado y dinámico. No hay dos combates iguales. Esto se consigue gracias al increible diseño de niveles y también a la inclusión de una serie de desafíos que nos incentivarán a matar a los enemigos de una forma particular, premiándonos, si lo conseguimos, al final de la misión. Los niveles incluyen, además, una serie de retos rúnicos opcionales que nos darán acceso a unas runas que funcionan como habilidades pasivas y que cambiarán mucho la dinámica de los combates dependiendo de si nos las equipamos o no.

Sin embargo, no todo es atractivo en Doom. Los combates son divertidos y dinámicos, pero muchas de las situaciones que nos llevan a ellos son repetitivas y cansinas. Entraremos decenas de veces a áreas que de pronto nos encerrarán y nos terminarán liberando solamente si purificamos la amenaza demoníaca. Es una excelente justificación para que no podamos escapar hasta terminar con la oleada de turno, pero se vuelve densa si se recurre a ella un gran puñado de veces.


La campaña por si misma justifica en todo sentido la compra de Doom. Su duración es más que justa. Estamos hablando de un mínimo de 12 horas en la dificultad Hurt Me Plenty solamente si nos dedicamos a matar demonios. Porque lo cierto es que los niveles del juego incluyen una buena cantidad de secretos entre mejoras permanentes (para la salud, el blindaje y la cantidad de munición que podemos cargar), skins alternativas y mapas del Doom original, entre otros. Quien se dedique a explorar a fondo, entre secretos y desafíos optativos, encontrará que la primera pasada puede llevarle cerca de las 16 horas de juego. Podrá sacarle incluso más jugo a la campaña quien se dedique a rejugarlo una vez desbloqueadas las dificultades más ásperas.

Y ya dejando de lado el modo campaña, completan a Doom un modo multijugador y SnapMap, una herramienta más que atractiva que permite a los jugadores crear sus propios niveles con un editor con opciones de personalización muy avanzadas. Estos niveles pueden ser compartidos con la comunidad online a través de un market donde también podremos descargar de forma gratuita escenarios diseñados por otros jugadores.

El modo multijugador, por su parte, no está mal, pero, al jugarlo es fácil entender por qué la beta tuvo tan mala recepción en Steam: no se condice con la esencia de Doom y desentona totalmente con la campaña. Si en esta última los enfrentamientos son frenetismo puro, en niveles que nos dan gran libertad (tanto horizontal como vertical), en los que disponemos de varias armas que podremos ir rotando a nuestro antojo; en el modo multijugador, la cantidad de armas disponibles se ve reducida a dos, el ritmo de juego es bastante más lento y las diseño de nivel son bastante más angostos y menos inspirados. En este sentido, el modo multijugador se apega más a lo que se esperaría de un shooter actual y parece estar pensado para otro tipo de jugador. No es sorpresa que no haya muchos usuarios online. A pesar de disponer de seis modos de juego, el más poblado, por lejos, es el clásico Team Deathmatch.


Por cierto, ¿han prestado atención a las capturas que incluimos en la nota? Doom es un título que luce increíble. Todo esa violencia desmedida y ese ritmo anárquico de las batallas no se sentiría tan placentero si no estuviese acompañado de un apartado audiovisual magnífico. Los demonios se parten al medio al compás de una música heavy metal/electrónica que simplemente nos motiva a seguir con la matanza. Las texturas de los enemigos aportan una cuota ínfima de detalle al gore que suma en todo sentido. Los escenarios, por su lado, se ven bellísimos, y si bien no tienen tantos elementos dinámicos y podrían dar un mejor uso de las físicas (sobre todo en las explosiones), como paisajes estáticos son un deleite.

El rendimiento en PC es más que correcto y el cuidado de optimización es mejor que en otros títulos de Bethesda. Las opciones de personalización gráfica son amplísimas y permitirán que cualquier PC que llegue a los requisitos mínimos lo corra a 60fps constantes en HD bajando la calidad del texturizado y de otros filtros.


Palabras finales Doom es un producto diferente que se vale de una filosofía que los shooter abandonaron hace mucho tiempo y, por dicha razón, es capaz de darnos un modo campaña que supera con creces al multijugador y que sostiene al título por sí mismo. Doom volvió, con una apariencia renovada, pero con el mismo corazón de siempre. Deja que el mouse se vuelva una extensión de tu cuerpo y aniquila todo lo que se te cruce. Goregasmo total

Lo Bueno:
Campaña divertidísima y desafiante
- La esencia clásica de Doom regresa con un lavado de cara moderno que le sienta muy bien
- Gran rejugabilidad
- El gore y todo el apartado audiovisual
- Buena cantidad de contenido en el modo multijugador, pero...

Lo Malo:
- ... se siente que desentona con la campaña
- Los esfuerzos narrativos están de más y cortan con el ritmo de la acción

Nota Final:

9


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ESCRITO POR Florencia Orsetti

Editor in Chief y fundadora de SHD. Aficionada por el horror tanto en videojuegos como en cine y literatura, tiene varios años de experiencia en redacción periodística. Seguidora y promotora de videojuegos independientes.

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