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Análisis: Song of Horror — un gran survival horror entre lo clásico y lo moderno

Song of Horror es una aventura de terror inspirada en los clásicos de vieja escuela como Alone in the Dark, de los que toma referencias en su diseño y los lleva a los estándares de 2021.

Calificación:
Desarrollador: Protocol Games
Distribuidora: Raiser Games
Lanzamiento: 31 de octubre 2020 (PC), 28 de mayo 2021 (PS4, Xbox One)
Plataforma: PC, PS4, Xbox One

Análisis basado en una copia digital para PlayStation 4 facilitada por Raiser Games

Hay cuestiones que son muy simples y no tienen mucha vuelta que darle. En el caso del cine, una comedia es buena cuando logra hacernos reír y, mientras más nos reímos, mejor la consideramos. Una película de terror, es buena cuando nos asusta y tiene una historia que logra generar la inmersión necesaria para que podamos sentir todo lo que viven los protagonistas en nuestra propia piel para que, de esa forma, podamos sentir el terror en la sangre. Con los videojuegos funciona de la misma forma, con la ventaja de que estos últimos puede lograr una inmersión muchísimo mayor.

En un género donde muchos dicen que ya está todo hecho, algunos seguimos manteniendo la esperanza de encontrarnos con esos títulos que logren helarnos la sangre de forma concisa, que nos generen miedo incluso si los jugamos a plena luz del día. Y no son esperanzas en vano, porque cada tanto aparece un juego que es el motivo de nuestros miedos y sonrisas, de nuestra tensión puesta a prueba, de nuestro goce eterno y agradecimiento a la vida de que seamos de esos que aman y disfrutan de vivir una buena experiencia.

Así, con esa presentación y pisando fuerte sobre las sensaciones aparece Song of Horror, un juego episódico, algo muy común en los recordados títulos de Telltale, y que terminó resultando uno de los mejores exponentes de terror de los últimos años. Porque Song of Horror es efectivo, golpea donde tiene que golpear, ahonda donde tiene que hacerlo, y regala terror, suspenso y tensión en grandes cantidades.

Muchos andan llamando a Song of Horror como un survival horror y personalmente no sé si es la definición correcta. No es un Survival Horror como Resident Evil o Silent Hill, ya que no hay combates o algo que nos genere esa cualidad de sobrevivir. Por lo contrario, toma de esos títulos la atmósfera y la oscuridad, y manteniendo el concepto de la cámara fija logra darle una sensación de temor y claustrofobia inmensa, ya que gran parte del juego genera ese sentimiento de opresión constante.

Además, incorpora el sistema de esconderse para escapar del peligro, como si fuese Outlast, pero con una vuelta de tuerca adicional, donde vamos a tener que tener interacción con el personaje para mantenerlo relajado mientras se esconde en la oscuridad de los armarios. Este concepto no desentona para nada con el resto de la propuesta que, si me lo permiten, me gustaría encasillarla como una aventura de terror que adopta detalles del Survival Horror y detalles de las Aventuras Gráficas.

El juego empieza poniéndonos en la piel de Daniel Noyer, un hombre que descubre la misteriosa desaparición del reconocido escritor de terror llamado Sebastian P. Husher junto a toda su familia. La única pista tácita es una caja de música espeluznante, cuya extraña melodía parece provocar alucinaciones y pesadillas en las que vamos a ir cayendo mientras nos vemos obligados a escapar de una fuerza sobrenatural llamada The Presence. Con esta premisa, y con la vista puesta en la investigación inicial, se van a ir desarrollando los cinco capítulos que componen a este magnífico juego.

Detrás de la historia, que va a mostrarnos una tétrica mansión llena de maldad, un hospital psiquiátrico abandonado e incluso una abadía, hay cientos de referencias para los fanáticos del terror, de esas que siempre son lindas de apreciar y descubrir. El concepto de la historia tiene muchísimas influencias en el universo de Lovecraft, y es como si todo se centrara entre el escritor de Providence y su colega Edgar Allan Poe, a quien se referencia muchísimas veces.

Song of Horror cuida todos los aspectos para que sean lo más parejos posibles, y se preocupa por los detalles. Gráficamente tiene un gran nivel, con locaciones llenas de objetos y texturas que le dan vida a cada rincón. Hay una sensación de suciedad, de algo que no está bien que se expande no solo en la música y en el sonido, sino en su aspecto visual, que maneja muy bien la cantidad de luz, las penumbras e incluso las sombras. Y si activamos el efecto de grano de película la experiencia visual se eleva varios puntos. Quizás en este aspecto lo más “flojo” sea el modelado de los personajes y sus animaciones, pero no desentonan ni tampoco se convierten en una molestia. La estética general es perfecta, un regalo para nuestros sentidos, sobre todo al exponer el descenso gradual a la locura y cómo la oscuridad acompaña esa mezcla extraña y abismal en el camino hacia la pérdida de la cordura.

Algo diferencial del juego es que tenemos a varios personajes para elegir, aparentemente sin relación alguna y que poco tienen que ver con la historia original. Podemos elegir uno de ellos, comenzar a jugar y perder en cualquier momento. Podemos perder luego de 40 minutos de juego o durar dos horas y, cuando lo hagamos, vamos a tener que seleccionar otro jugador y continuar desde donde perdimos. Forzadamente, el nuevo personaje va a terminar recogiendo todo lo que habíamos agarrado con el personaje anterior, sino el sentido de continuidad se perdería en lo repetitivo. El desarrollo de estos personajes es casi nulo, nos vamos enterando de detalles gracias a sus diálogos o replicas al examinar diferentes objetos durante la investigación. De todas formas, en Song of Horror, el verdadero protagonista termina siendo la historia de lo que se investiga.

Como dije un par de párrafos atrás, esta mezcla de Survival Horror y Aventura Gráfica desprende lo mejor de ambos subgéneros y por lo tanto, nos regala constantes acertijos y puzzles que debemos resolver si queremos avanzar. En ese enorme abanico, tenemos los clásicos de encontrar llaves o ciertos objetos en un lugar para ser utilizados en otro, incluso para combinarlos entre sí y obtener un objeto nuevo, hasta esos puzzles complejos como el del piano del Silent Hill. Sea como sea, leer todo lo que llegue a nuestras manos nos va a dar pistas más que certeras si queremos avanzar sin volvernos locos. No es un juego imposible, pero si tiene una dificultad avanzada incluso cuando queremos que sea lo más simple posible.

Algo que hace ilusión, al menos a quien redacta estas líneas, es que el juego genere esa necesidad de tomar lápiz y papel y tener que ir haciendo anotaciones, incluso haciendo pequeños dibujos de diferentes mecanismos u objetos para poder lograr la resolución del problema en cuestión. En este aspecto, genera una reminiscencia importa con las Aventuras Gráficas de antaño, y es un aspecto melancólico que se agradece muchísimo. Como dije en un principio también, vamos a notar claramente sus influencias, donde podemos destacar las cámaras y puzzles de Resident Evil, la opresión, oscuridad y ambientación de Silent Hill, junto al manejo de personaje de Eternal Darkness.

El factor más criticado del juego, y que va a depender de con qué ojos lo mires, es el de que podemos morir permanentemente, sin posibilidad de retomar, teniendo que comenzar desde cero. Obviamente tenemos varias cartas en nuestras manos para alejarnos de ese destino, pero tranquilamente puede pasar. ¿Recuerdan que antes dije que cuando se nos muere un personaje vamos a seleccionar otro para seguir con la investigación? Bueno, los personajes claramente son limitados y si no seguimos todo al pie de la letra, este concepto de “permadeath” nos puede arruinar la experiencia.

Claro, perder en un juego sería algo normal, en teoría. Es verdad, en este caso es diferente, porque tenemos que empezar de cero y eso últimamente no suele pasar en el resto de los títulos, sobre todo de terror. El problema no es tanto ese, sino que muchas veces el juego no ayuda y la frustración puede ser muy grande. Por ejemplo: en un momento comenté que al escondernos vamos a tener que hacer una pequeña interacción con nuestro personaje para tranquilizarlo. Esto se hace mediante unos pequeños QTE (Quick Time Events) que tenemos que cumplir siempre o si no, morimos. El problema es que esos QTE van cambiando dependiendo la situación o el capítulo que estemos jugando y no siempre son intuitivos. Cometemos un pequeño error, la oscuridad nos arrastra al abismo y así de simple, perdemos un personaje. Todo depende del grado de tolerancia a la frustración de cada uno.

De todas formas, a no desesperar: hay una opción de dificultad que anula el concepto de permadeath y nos permite disfrutar el juego casi como si fuese una aventura interactiva, sin grandes dificultades en comparación a las otras opciones de dificultad. Esta opción se agregó con la entrega de los últimos capítulos, señal de que los españoles de Protocol Games (sus desarrolladores) junto a Raiser (sus editores) saben escuchar a los usuarios y de esta forma conformas a aquellos que recién inician en el género o quieren una experiencia más tranquila, así como también a aquellos que buscan un desafío intenso que los haga arañar el borde de la locura con sus propias manos.

Para terminar, debo admitir que Song of Horror fue un juego que me asustó realmente, me sumergió por climas y ambientes de tensión y terror absolutos, gracias a su música, los sonidos, la historia y el concepto del juego en sí. La atención a los detalles, la mezcla de subgéneros y el hecho de haber podido sacar lo mejor de cada uno es un punto determinante. En algún punto se siente como si este título jugara con nuestras mentes como lo hace con la de los personajes que controlamos.

Lo bueno:
- La historia
- Los climas
- La ambientación
- La atención a todos los detalles
- Las referencias
- El mix entre subgéneros

Lo malo:
- Si bien el juego no es corto, al terminarlo nos quedamos con ganas de mucho más.
- Hubiese estado bien tener más contexto de los diferentes personajes

Nota Final:

9
Excelente
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ESCRITO POR Lucas Robledo

Game Designer y Producer. Redactor mercenario. Cinefilo conflictivo. Casi músico y muy poco de ilustrador. Gamer de la vieja escuela. Aficionado al terror, a los comics y a la literatura.

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